
El estrés lo vivimos todas las personas desde niños hasta adultos mayores y lo experimentamos de diferentes formas ya que es una repuesta de nuestro organismo a peligros o eventos cotidianos como el transito, la escuela, hacer la fila en un banco, etc.
El estrés tiene dos caras, la buena y la mala, en el caso en que se presente el estrés de en episodios breves, este puede ser un disparados de energía positiva, en el caso que se presente el estrés de esta forma a un niño, puede inducirlo a realizar sus tarea, estudiar para un examen o una obra de teatro. Pero de lo contrario, si el estrés se manifiesta de forma prolongada y seguida, puede debilitar la energía del niño y el niño se va a dejar llevar por un camino de problemas con sus amigos, compañeros, el estudio y la familia, es en ese momento cuando la intervención de un adulto es necesaria.
Los niños experimentan variadas situaciones en su vida y algunas resultan verdaderamente estresantes para ellos, como las peleas de los padres o peleas con sus hermanos, la muerte de un familiar, un ser querido o una mascota, la separación de sus padres, cambio de vivienda o de escuela y también las situaciones de violencia y de agresividad dentro de su comunidad. Según la edad del niño los picos de estrés pueden variar disminuyendo o aumentando teniendo en cuenta las experiencias vivenciales por las que esté pasando.
Por ejemplo, los niños de la primera infancia tienden a sentir molestia y malestar al estar alejados de sus padres o de la persona que los cuida e ingresar a la escuela o al jardín o enfrentarse a situaciones nuevas y extrañas.
Más adelante en la infancia del niño, el estrés se presenta por situaciones de exigencia, como lo son la escuela, las tares o deberes, los exámenes, los padres y hasta los compañeros.
Cuando los niños crecen y entran en la etapa de la adolescencia pueden llegar a sentir el incremento del estrés, el es causado por relaciones amorosas, factores sociales como la aceptación en un grupo, el cambio físico y hormonal.
Los cambios positivos y buenos para la familia, también pueden generar estrés en un niño, como el nacimiento de un hermano, cambio de ciudad, graduación escolar o el triunfo en un concurso o deporte.
Es muy importante tener presente que los padres son el mayor ejemplo para sus hijos, que de ellos depende el aprendizaje de los niños. Los adultos responden de diferentes formas ante situaciones emocionales y como padres dan a sus hijos un aprendizaje de cómo manejar las emociones o las situaciones de la vida.
Los niños están en un continuo cambio y crecimiento, gracias a esto de una manera constante van aprendiendo a cuidarse, pero necesitan la colaboración de sus padres para recibir de ellos una orientación sobre como poder expresarse y desarrollar sus sentimientos y emociones.
Los chicos que a lo largo de su vida han adquirido aprendizajes, habilidades y valores, pueden resolver positivamente situaciones de estrés y están mejor capacitados para responder ante situaciones difíciles y a su vez recuperarse satisfactoriamente de ellas.
Estas capacidades que adoptaron en la infancia, les podrá servir para su adolescencia y la adultez, será una gran ayuda la cual es beneficiosa para su salud física, emocional y desenvolvimiento y rendimiento tanto académico como laboral.
Todas estas experiencias emocionales y habilidades resolutivas que adquiere el niño en la infancia y la adolescencia, permiten en la adultez la disminución de ansiedad, estrés, problemas de conducta, y a su vez, adquiere autoestima, autoconfianza y seguridad emocional en las relaciones interpersonales.
con las cuales puede ayudar a su hijo con la disminución de estrés, adquiriendo métodos de relajación:
Trate de que el niño salga del círculo en el que está, pero sin evitar las situaciones que producen estrés, ya que si se retira de estas experiencias, cuando el niño crezca no va a tener las suficientes herramientas ni la capacidad de afrontar los problemas.
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